El sarcófago de Chernobyl, el objeto de mayor tamaño jamás trasladado por el hombre

El 26 de abril de 1986 parecía que había llegado el fin del mundo. Al menos así lo debieron sentir los vecinos de Pripyat, en el extremo norte de Ucrania. Ese día, el cuarto reactor de la planta nuclear de Chernobyl explotó durante una prueba de rutina y generó un incendio que duró nueve días.

Tras la explosión, la estructura de contención de acero y cemento colapsó y el combustible nuclear, caliente en extremo, se filtró por los pisos hacia los niveles subterráneos. Al aire libre, sin ningún tipo de protección, el reactor arrojaba isótopos radioactivos a la atmósfera. Todo el este de Europa se vio afectado aunque Ucrania, Bielorrusia y parte del suroeste de Rusia fueron las zonas que se llevaron la peor parte.

La reacción soviética, aunque secreta de puertas afuera hasta que los sensores de radiación de países como Suiza dieron la señal de alarma, fue inmediata. Enormes contingentes de trabajadores fueron enviados a llevar a cabo una limpieza de emergencia. La primera oleada de operarios estaba formada por trabajadores sin entrenamiento ni herramientas adecuadas, que se encontraban a más 600 kilómetros de Chernobyl cuando ocurrió el accidente. Su misión de controlar el incendio alrededor de la planta.

Tardaron nueve días y al menos 28 personas murieron como resultado de la exposición a la radiación en ese período.

Pero ahí no acabaría una labor de limpieza que tardó 30 años -con sus interrupciones- en ser completada. Alrededor de la antigua central se estableció una zona de exclusión con un radio de 30 kilómetros, donde la contaminación radiactiva fue mayor. En su centro, donde se encontraban los reactores, se levantó el “sarcófago” construido en su día para proteger al mundo del corazón ardiente que seguirá emitiendo partículas radioactivas durante miles de años.

En total, se tardaron 206 días en construir aquel primer sarcófago, con 400.000 metros cúbicos de cemento y 7.300 toneladas de metal. Hasta nueve millones de hombres y mujeres venidos de toda la Unión Soviética se desplazaron para ayudar en las labores de construcción y limpieza. A causa de los elevadísimos niveles de radiación los trabajos se realizaron en en tres turnos de periodos de solo entre cinco y siete minutos.

Y al terminar tiraban toda su ropa a la basura.

Mientras los operarios manuales trabajaban en la superficie, desde el aire se dejaron caer arena, plomo y otras sustancias para extinguir el fuego. A su vez, un equipo de mineros excavaba bajo el reactor para poder bombear un nitrógeno líquido que enfriase el combustible nuclear.

No hay cifras exactas, pero se calcula que miles de personas murieron en estas labores. Y la mayoría de los que pasaron por aquí sufrió enfermedades tan horrorosas como prolongadas a causa de la exposición a la radiación.

Pese a esos esfuerzos y a los miles de víctimas fatales, ese primer sarcófago no estaba destinado a durar. El, el colapso de la URSS (Unión de Repúblicas Soviéticas Rusas) en 1991 así como la problemática geopolítica de Europa durante las tres últimas décadas, aquel sarcófago fue la única protección que ha contenido el reactor durante estos años.

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Nuevo Confinamiento Seguro (NCS)

Finalmente, el pasado 2016 se completó la construcción e instalación del nuevo sarcófago, una estructura pensada para contener la radiación durante los próximos 100 años.

El nombre oficial que recibe el nuevo sarcófago es Nuevo Confinamiento Seguro (NCS) y consiste de una monumental pieza de 35.000 toneladas. El arco ha sido levantado a 180 metros de la zona cero, y fue transportado hasta su posición actual por unos raíles de teflón. Es la estructura más grande jamás construida para luego ser desplazada a su emplazamiento definitivo.

Fue en la década de los 90´s cuando por primera vez se esbozó la idea de construir una estructura en el “punto cero” de la explosión, donde todavía los niveles de radiación son peligrosos, muchos pensaron que los ingenieros estaban locos. Enseguida, Ucrania lanzó un concurso internacional para buscar ideas sobre cómo volver seguro a Chernobyl.

El ganador fue un protecti francés que pretendía encerrar el sarcófago construido por los soviéticos sobre el reactor dañado dentro de una estructura completamente nueva, más grande y segura.

Para solo preparar el terreno para la nueva estructura se necesitaron diez años en los que el principal temor fue siempre la amenaza de colapso del sarcófago existente: las vigas y la pared de la estructura se estaban desplazando. El más mínimo desplazamiento hubiera hecho que los soportes cayeran y, con ellos, el refugio entero.

Finalmente, la construcción de la cúpula, con un coste cercano a 1.500 millones de euros – 2.100 millones de euros si tenemos en cuenta todo el recinto de confinamiento, concluiría en 2015. Ucrania, ante la imposibilidad de hacer frente a semejante gasto, recibió ayuda de gobiernos europeos conscientes del riesgo que suponía Chernobyl para todo el continente. Además, la Comisión Europea asumió casi un tercio del coste de la construcción

La construcción, de una altura cercana a los 30 pisos cuenta con más de 650.000 tornillos y necesita de un sistema de ventilación de alta tecnología; así como de un sistema de control de temperatura y de nivel de humedad. Está diseñado para soportar incendios, terremotos y temperaturas extremas de -40 a o +40 grados.

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