Carlos Castro, arquitecto y Responsable de aislamiento térmico, drenajes y geotextiles y coordinador para certificación de DANOSA, aprovechó el Día Mundial de la Eficiencia Energética para reflexionar sobre la importancia de la eficiencia energética y la sostenibilidad aplicada al sector de la construcción.

eficiencia energética

Es nuestro compromiso. El día 5 de marzo es una fecha que debe estar marcada en rojo en el calendario, también en el de todos aquellos que nos dedicamos al sector de la construcción. Y es que el Día Mundial de la Eficiencia Energética nos obliga a reflexionar sobre el uso racional que le damos a la energía y a actuar en consecuencia.

En la actualidad, la eficiencia energética se plantea como una de las políticas de freno para el cambio climático con medidas como el impulso de sociedades sostenibles, el desarrollo de energías renovables y una política de transporte menos agresiva con el medio. Sin embargo, en ningún caso se trata de renunciar a nuestra calidad de vida, sino de obtener y aprovechar los mismos bienes y servicios empleando menos recursos, mejorando los procesos, haciendo uso del reciclaje y de productos menos contaminantes y consumiendo de manera inteligente.

Y aunque es responsabilidad de todos incluir en nuestros valores la conciencia ecológica, la construcción o rehabilitación de los edificios también debe contemplar la sostenibilidad en todos sus procesos. Sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de viviendas del parque tiene más de 40 años, según Andimac, no se ajusta a los nuevos estándares de edificación y propicia auténticos derroches de energía. Y es que merece la pena recordar, sobre todo cuando las altas instituciones aprueban medidas como el reciente paquete de ‘Energía y Clima’,  que no solo el coche contamina y que los edificios también causan más de un tercio de las emisiones contaminantes que se registran en las grandes ciudades.

Es más, se calcula que hasta un 99% de las viviendas sufre pérdidas o ganancias de calor excesivas a causa de la ineficiencia energética. De manera que, si se compararan con los automóviles, ese 99%, de ser coches, consumirían más de 15 litros de combustible a los 100 kilómetros e incluso algunas hasta 40 –casi tres veces más-.

Las grietas de la eficiencia energética en los edificios

La rehabilitación de estos edificios no puede quedar en el aire. Sus principales grietas en materia de eficiencia energética suelen estar en una deficiente impermeabilización y un escaso aislamiento térmico. De hecho, solo un adecuado aislamiento de cubiertas y fachadas de un bloque de viviendas podría reducir su consumo energético entre el 50% y el 65%, con la reducción de emisiones que eso conlleva, y la reducción importante de la factura de la luz.

Además, una eficiente impermeabilización de nuestros hogares también se vuelve fundamental para evitar el consumo extra de energía o para que las humedades y/o goteras puedan afectar a la salud y dañar además toda la estructura del edificio que exigirá una posterior rehabilitación más compleja y costosa. En este sentido, láminas impermeabilizantes fotocatalíticas -que reaccionan a la luz del sol absorbiendo dióxidos de nitrógeno y eliminándolos con el agua de lluvia- o las cubiertas ajardinadas, que capturan los gases contaminantes y nocivos, y, por tanto, rebajan la cantidad de dióxido de carbono emitida a la atmósfera, son opciones muy interesantes en las que el sector ya trabaja.

El futuro de la construcción sostenible

Es una determinación. No se puede construir de cualquier manera. El foco debe estar desde ya en la calidad técnica de las soluciones y su puesta en obra, con una visión 360 y atendiendo siempre a parámetros y variables tan importantes como la sostenibilidad y la eficiencia energética. Es necesario un cambio de cultura hacia lo cualitativo. Y a día de hoy ya existen organismos y certificaciones que premian los valores medioambientales de un edificio a través de la aplicación de una metodología de evaluación que mide el impacto de un edificio en todas las fases, desde la calidad de los materiales con los que se construye, su transporte, mantenimiento y derribo, hasta su gestión del agua, su emisión de gases contaminantes o la energía que consume.

Se trata de sellos como el español VERDE, el estadounidense LEED o el británico BREEAM que acreditan el comportamiento ambiental de los edificios e indican que han sido diseñados y construidos según unos criterios y categorías que priorizan el máximo confort, el mínimo consumo energético y la máxima sostenibilidad; unos certificados que se aplican en cualquier tipo de edificio: viviendas, oficinas, hoteles, locales comerciales, unifamiliares, equipamientos… tanto en obra nueva como en rehabilitación.

Asimismo, el futuro de la construcción sostenible pasa por las casas pasivas y los Edificios de Consumo Casi Nulo, las máximas en eficiencia energética al demandar solo el 10% de la energía empleada por una vivienda media. Su estándar de construcción, que combina un elevado nivel de confort interior y un consumo de energía muy bajo, se consigue cuidando al máximo la envolvente térmica de la vivienda mediante un eficiente aislamiento térmico –sin puentes térmicos-, carpinterías y vidrios de altas prestaciones, un elevado grado de estanqueidad al aire y un sistema de ventilación mecánica con recuperación de calor. Además, la escasa energía que necesita se puede obtener a partir de fuentes renovables, lo que le convierte en un tipo de construcción sostenible y con costes cero para el planeta.

Carlos Castro, Arquitecto. Responsable de aislamiento térmico, drenajes y geotextiles y coordinador para certificación de DANOSA.

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